Cómo mejorar tu liderazgo profesional con hábitos saludables

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Tiempo de lectura: 5 minutos

Si el crecimiento profesional es importante para ti, y ya tienes -o aspiras a tener- un puesto de liderazgo, hay una serie de prácticas y hábitos saludables que pueden ayudarte.

 

 

Hábitos saludables para mejorar tu liderazgo

¿Qué crees que hace un buen líder? Los líderes de equipos y los coaches de salud tienen “hábitos saludables” en su liderazgo. Incluso los pacientes, en su proceso de recuperación, estilos de vida y regímenes diversos, ejercen una forma de liderazgo sobre sí mismos; y así se benefician de estas cualidades de liderazgo.

Se puede elaborar una lista de estos hábitos saludables de liderazgo, que puede ser diferente para cada persona. No se trata de una lista cerrada, pero para empezar he aquí seis hábitos saludables de un buen líder:

 

1. Logra el equilibrio

Una organización funcional es como un reloj. Las cosas se hacen y los problemas se resuelven con un impacto mínimo. Una de las muchas formas de conseguirlo es verificar que existe equilibrio en todas las áreas: el equipo, los procesos y su progreso. Un área en la que lograr el equilibrio es tu propia capacidad de respuesta: cuando se necesite tu liderazgo debes intervenir y lograr el equilibrio justo entre la intervención y la contención.

 

2. Analiza

No te apresures a resolver el problema. Pregúntate si has tenido en cuenta todos los aspectos de un problema antes de hacer una lluvia de ideas al respecto o de intervenir con la gente. Un método bien estudiado siempre da buenos resultados. Es como organizar las piezas de un puzzle antes de empezar, en función del color, con las familias de tono general primero, y luego los matices más sutiles. Luego puedes empezar a buscar las esquinas y los bordes, y empezar a encajar las primeras piezas.

 

3. Comprende la tensión entre el proceso y el objetivo

Puede que tengas que decidir que uno de ellos tiene que prevalecer, aunque busques el equilibrio en todos los aspectos de tu trabajo. La tensión inherente entre el proceso y el objetivo puede significar que decidas definir el objetivo de forma más flexible. A la inversa, puede significar que prepararás a tu equipo para cambiar su proceso de trabajo más a menudo de lo que le hubiera gustado. Lo ideal es que el proceso no vaya en detrimento del objetivo, y viceversa.

 

4. Escucha activamente

La escucha activa no consiste únicamente en hacer que la otra persona se sienta escuchada. También consiste en escuchar el mensaje en varios niveles y estar atento a los detalles, manteniendo un grado saludable tanto de apertura como de escepticismo. La escucha activa extiende tu compasión hacia el interlocutor, pero también debe profundizar tu comprensión del panorama general.

 

5. Resuelve los conflictos de forma creativa y sin herir sentimientos

Cuando tengas que actuar como juez para resolver un desacuerdo o una disputa, sé consciente de que estás proporcionando una reivindicación a una parte y una decepción a la otra. Busca la manera de minimizar esta decepción y hacerla soportable o fácil de olvidar, quizás encontrando formas de compensarla. En el momento, la gente magnificará sus desacuerdos, disputas o desafíos. Aprende a trivializar de forma constructiva: ayuda a la gente a poner las cosas en perspectiva y a seguir adelante. Apacigua de forma holística añadiendo un poco de «qué más da» a la situación. Be water, my friend.

 

6. No te extiendas demasiado

Como profesional, la desconcertante cuestión de la gestión del tiempo te acompañará toda la vida. Como líder se complica aún más: puede que haya situaciones o personas que requieran una cantidad de tiempo desmesurada, pero debes aprender a poner límites y presupuestar tu tiempo. Esto también es importante para parecer justo con los subordinados: puede que sea necesario dedicar una cantidad de tiempo desproporcionada a alguien, o a un asunto concreto, pero no dejes que esto moleste a los miembros de tu equipo. Y no te obsesiones con un punto de especial atención: decide cuándo es el momento de devolver tu atención a las demás personas y responsabilidades.

 

 

Consideraciones prácticas

Los marcos formales ayudan a las personas a alcanzar sus objetivos, y el de convertirse en un líder o en un mejor líder no es una excepción. Estos son algunos pasos prácticos que puedes dar para desarrollar y mejorar tus habilidades de liderazgo.

 

 

1. Evaluar tus propios resultados

Establecer metas es algo que los líderes tienen que hacer cuando organizan las cargas de trabajo y trabajan con objetivos. Esto puede ser un ejercicio sistemático útil, para medir tu propio éxito y progreso como líder. ¿Ha funcionado un objetivo concreto? ¿Fuiste capaz de ganarte el respeto de alguien? ¿Resolviste un problema de la organización?

 

 

2. Asumir nuevos proyectos

La mayoría de los líderes tienden a estar ocupados, por lo que supone un esfuerzo adicional asumir nuevos proyectos. Sin embargo, esto te distinguirá en tu propio desarrollo intelectual y a los ojos de la dirección.

Intenta sacar tiempo para profundizar en un aspecto de tu trabajo o en un área que pueda ayudarte a prosperar o a crear nuevos sistemas para ti o para la organización. No es necesario que sea una cantidad de tiempo desmesurada, quizá sólo un poco de tiempo extra para aprender algo nuevo, experimentar un cambio de ritmo y evitar un enfoque excesivamente estrecho en tu trabajo diario. 

 

 

3. Estudiar una carrera o curso

Dependiendo de la disciplina académica, el liderazgo puede o no estar cubierto como parte de un curso. Esto es especialmente cierto en la mayoría de los estudios académicos y universitarios. Averigua en tu comunidad si hay cursos que traten específicamente sobre el liderazgo o que lo conviertan en una preocupación central.

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