Mesoterapia corporal

13/07/2022
Mesoterapia corporal
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Tiempo de lectura: 4 minutos

La mesoterapia es una práctica complementaria a la medicina tradicional que consiste en la inyección intradérmica de pequeñas dosis de medicación.

Poco, pocas veces y en el lugar adecuado. He aquí la máxima de la mesoterapia promulgada por su creador, el doctor Michel Pistor.

Todo empezó con un modesto zapatero que sufrió un ataque de asma en el pueblecito francés de Bray-et-Lû, cerca de París. El doctor Pistor, que ejercía de médico rural en el pueblo, salvó al zapatero inyectándole procaína, algo muy poco habitual para la época. Era el año 1952 y a partir de entonces, y de esa anécdota curiosa que fue determinante, la mesoterapia empezó a desarrollarse como técnica para combatir todo tipo de dolencias.

Las claves de la mesoterapia: ¿qué es exactamente?

La mesoterapia es una práctica complementaria a la medicina tradicional que consiste en la inyección intradérmica de pequeñas dosis de medicación. Se trata de una técnica indolora, no invasiva y que ni siquiera requiere anestesia local.

Las microinyecciones pueden ser de sustancias como:

  • extractos de plantas
  • vitaminas
  • hormonas
  • enzimas

El tratamiento: cómo funciona

 El principio de la mesoterapia es utilizar pequeñas cantidades de medicación focalizadas directamente en la zona a tratar o lo más cerca posible. De ahí la máxima citada anteriormente de poco, pocas veces y en el lugar adecuado.

En una sesión de mesoterapia, el profesional inyecta superficialmente la medicación alrededor de los sitios a tratar. Las infiltraciones se hacen con una aguja fina de solo algunos milímetros de largo. Se pueden hacer manualmente o mediante una pistola de inyección electrónica.

La cantidad de infiltraciones necesarias variarán según la dolencia y la estrategia que adopte el profesional. También puede variar el número de sesiones previstas y, por lo tanto, la duración del tratamiento.

En sus inicios, esta terapia iba destinada a actuar contra los dolores localizados y la insuficiencia venosa, pero hoy está indicada para tratar muchas patologías diferentes tales como:

  • reumatismos
  • artrosis
  • dolores lumbares o cervicales
  • tendinitis
  • esguinces
  • alopecia

Mesoterapia y estética

Actualmente, además, la mesoterapia suscita un interés creciente en el ámbito de la medicina estética. A menudo se contempla como una alternativa a la cirugía. Se utiliza principalmente en tratamientos contra la celulitis para hacer fundir la grasa en muslos, glúteos, caderas, piernas, brazos e incluso en el rostro, a nivel de contorno de ojos.

La celulitis es una acumulación de grasa bajo la piel, lo que le da ese aspecto llamado “piel de naranja”. La técnica adoptada por las personas formadas en mesoterapia es pues la de inyectar sustancias para fundir la grasa acumulada en las zonas afectadas. Dichas sustancias son múltiples y variadas, como por ejemplo enzimas, colágeno, cafeína o incluso extracto de alcachofas.

 ¿Qué efectos tiene?

 Las sustancias que se inyectan actúan a tres niveles: celular, vascular y linfático. Las más comunes tienen un efecto drenante, circulatorio o reafirmante. El objetivo que se persigue siempre es el mismo: favorecer la reducción de retención de líquidos y la disminución de la sensación de hinchazón.

La mesoterapia aporta agentes que mejoran la vascularización y hacen que se descongestione la zona. Por otro lado, incluye sustancias drenantes que contribuyen a aliviar los edemas.

Beneficios de la mesoterapia

Ya hemos hablado de las contribuciones de la mesoterapia en la gestión del dolor (en reumatología, por ejemplo) y en la práctica deportiva (para mejorar lesiones).

Pero los beneficios más destacados son los que conciernen la medicina estética, puesto que la mesoterapia constituye una clara alternativa a la cirugía, especialmente en tratamientos para combatir la celulitis.

Formación en mesoterapia

Como siempre, será esencial poder contar con profesionales cualificados y certificados, que conozcan en profundidad los protocolos a aplicar. Deberán tener presente que cada paciente es diferente y que el tratamiento adecuado puede variar de una persona a otra.

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