Liderar en salud, la habilidad que el sistema necesita y aún está por priorizar
Los sistemas de salud atraviesan una paradoja evidente: nunca han contado con tanto conocimiento científico, tecnología diagnóstica y herramientas digitales y, sin embargo, siguen mostrando profundas fragilidades en su funcionamiento cotidiano. En el centro de muchas de estas tensiones no se encuentra la falta de recursos técnicos, sino una carencia más estructural y silenciosa: la insuficiente preparación en liderazgo y gestión de quienes dirigen organizaciones y equipos en salud.
Esta brecha entre competencia clínica y competencia directiva se ha vuelto cada vez más visible a medida que los sistemas sanitarios se han vuelto más complejos, interconectados y sometidos a presiones económicas, políticas y sociales crecientes. No basta con ser un excelente profesional sanitario; hoy se exige también capacidad para gestionar equipos multidisciplinares, tomar decisiones estratégicas bajo incertidumbre, manejar presupuestos, liderar procesos de cambio y comprender el impacto organizacional de las innovaciones tecnológicas.
Lo que revela la evidencia sobre las carencias en liderazgo
Un estudio publicado en Annals of Global Health destaca las brechas existentes en la formación en liderazgo dentro de la salud global, señalando que numerosos profesionales que acceden a posiciones de responsabilidad carecen de una formación estructurada en gestión o liderazgo, lo que limita la eficacia de los programas de salud y la capacidad de adaptación de los sistemas frente a desafíos crecientes.
Impacto de estilos de liderazgo en la calidad
La literatura científica respalda que la forma en que se lidera una organización sanitaria influye directamente en su funcionamiento. Una revisión sistemática encontró que los estilos de liderazgo se correlacionan de manera significativa con medidas de calidad asistencial y atención integrada, subrayando que los líderes influyen tanto en procesos internos como en la experiencia del paciente y los resultados de salud.
Otra revisión examinó la efectividad de intervenciones de liderazgo en entornos sanitarios, mostrando que estas pueden mejorar el rendimiento y la adherencia a guías clínicas.
Neurociencia del liderazgo: tres conclusiones
Más allá de lo clínico: la necesidad de una mirada estratégica
La transformación de los sistemas de salud exige profesionales con una mirada estratégica y organizacional. Esta necesidad de liderazgo incluye capacidades como gestión de equipos, visión integral del sistema y adaptación al cambio. Programas formativos que integran estas competencias, como el MBA en Dirección y Gestión de Empresas de Salud de NUS Agency, responden directamente a esta brecha formativa, aportando herramientas de gestión financiera, dirección estratégica, planificación organizacional y liderazgo adaptativo, indispensables para liderar con impacto real en contextos complejos como el sector salud.
La finalidad consiste en dotar a los profesionales sanitarios de una perspectiva sistémica que les permita comprender cómo funcionan las instituciones, cómo se toman decisiones a nivel directivo y cómo implementar cambios de manera efectiva y sostenible.
Además, con la creciente integración de tecnologías como inteligencia artificial, telemedicina y análisis de datos, los líderes deben ser capaces de equilibrar innovación tecnológica con los valores humanos de la atención sanitaria. Una formación en gestión aplicada al ámbito de la salud permite a estos profesionales navegar las tensiones entre eficiencia, calidad asistencial y bienestar del personal sin perder el enfoque en el paciente.
Por qué formar líderes en salud es una prioridad
El liderazgo se asocia con mejores resultados en indicadores organizacionales, además de con resultados clínicos y experiencia del paciente. Diversos estudios muestran que estilos de liderazgo como el transformacional potencian la gestión de recursos, impulsan la innovación en prácticas asistenciales y elevan la satisfacción tanto de profesionales como de pacientes.
En síntesis, mientras la formación clínica permanece como pilar fundamental, el futuro de los sistemas de salud depende en gran medida de la calidad de sus líderes. Invertir en su desarrollo, a través de programas especializados que integran gestión, estrategia y liderazgo, representa una condición necesaria para consolidar organizaciones más eficientes, humanas y preparadas para los retos del siglo XXI.
Referencias bibliográficas
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