El Método Suzuki a la luz de la neurociencia, explicado por nuestra alumni Lorena Leal

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El Método Suzuki es una filosofía educativa que utiliza la música como herramienta para favorecer el desarrollo integral de la persona. 

Para profundizar en esta metodología hablamos con Lorena Leal Isida. Ella es profesora especializada en Piano y Educación Infantil Temprana Suzuki, directora de CALI (Centro de Arte Leal Isida) en Monterrey (México) y exalumni del Máster en Neurociencia y Música aplicada a la Salud de NUS. 

En esta entrevista, Lorena nos explica en qué consiste esta filosofía educativa, cómo la neurociencia ha aportado una base científica a muchos de sus principios y de qué manera el máster le ha influido en su práctica profesional.

¿Cómo conociste el Método Suzuki y qué te llevó a especializarte en él?

L: Conocí el Método Suzuki en 1980 durante una gira de conciertos ofrecida por profesores y alumnos provenientes de Estados Unidos. Aquella experiencia despertó mi interés por una forma de enseñar música centrada en el desarrollo humano. Años más tarde, en febrero de 2007, inicié mi formación oficial. Y me convertí en una de las primeras profesoras certificadas que difundieron esta metodología en Monterrey y en el norte de México.

Para quien nunca haya oído hablar de él, ¿qué es el Método Suzuki y en qué consiste?

L: Suzuki es una filosofía educativa centrada en el desarrollo integral de la persona a través de la música. Shinichi Suzuki estaba convencido de que la música era un medio extraordinario para formar seres humanos sensibles, capaces, perseverantes y con un profundo respeto por los demás.

Su inspiración surgió al observar cómo todos los niños aprenden su lengua materna. Ningún bebé nace hablando. Y, sin embargo, prácticamente todos aprenden a comunicarse cuando crecen rodeados de un ambiente rico en lenguaje, afecto, estímulo y acompañamiento. Suzuki comprendió que ese mismo principio podía aplicarse al aprendizaje musical

Por ello, el Método Suzuki otorga un papel fundamental a la familia. Además, reconoce al profesor como un guía que acompaña con sensibilidad el proceso de cada alumno. Y entiende que el ambiente en el que crece el niño influye profundamente en su aprendizaje, en su desarrollo emocional y su carácter. 

Hoy sabemos que muchos de los principios que Suzuki observó hace más de 60 años encuentran respaldo en la evidencia científica. La calidad de las experiencias tempranas, la plasticidad cerebral y cómo los niños aprenden a través de la escucha, la observación, la imitación y la repetición, dentro de un entorno afectivamente seguro, favorecen el desarrollo del cerebro y sientan bases sólidas para el aprendizaje. 

Por eso considero que este método sigue siendo profundamente vigente. No solo forma músicos. Contribuye a formar personas que aprenden a escuchar, a perseverar, a convivir, a disfrutar el proceso de aprender. Y, sobre todo, a descubrir de lo que son capaces. 

¿Qué beneficios tiene este método?

L: Los beneficios que observo en los niños son muy amplios y trascienden el aprendizaje musical. Uno de los primeros beneficios es el desarrollo de la audición. Desde muy pequeños aprenden a escuchar con atención y a diferenciar las cualidades del sonido, lo que favorece no solo la afinación y la musicalidad, sino también habilidades relacionadas con el lenguaje y la comunicación. 

La práctica musical también fortalece la coordinación motriz, el equilibrio, la atención sostenida, la memoria y otras funciones ejecutivas que intervienen en el aprendizaje. Al mismo tiempo, desarrolla herramientas para regular sus emociones. Aprenden a manejar la frustración, a perseverar ante los desafíos y a disfrutar del proceso de aprender.

Otro beneficio fundamental es el fortalecimiento del vínculo entre el niño y sus padres o cuidadores. En el Método Suzuki, la familia es parte activa del proceso. Compartir la música, acompañar la práctica diaria y celebrar los pequeños avances crea experiencias significativas que fortalecen la relación y generan un ambiente de confianza y seguridad para aprender. 

Con el tiempo, todo ello contribuye a que el niño desarrolle confianza en sí mismo. Descubre que es capaz de aprender, de superar desafíos y de alcanzar metas mediante el esfuerzo constante. Esto suele extenderse a otras áreas de su vida y se convierte en una herramienta valiosa para enfrentar nuevos retos. 

Por ello, considero que el inicio temprano tiene un valor extraordinario, ya que el cerebro presenta una enorme plasticidad y las experiencias que vive el niño dejan una profunda huella en su desarrollo. 

¿Está ganando relevancia la neuroeducación musical?

¿Cuáles son los principios que lo diferencian de otros métodos de enseñanza musical?

L: Creo que la principal diferencia del Método Suzuki es que parte de una profunda confianza en el potencial del ser humano. Uno de sus principios más revolucionarios es entender que el talento no es un privilegio reservado para unos cuantos, sino una capacidad que puede desarrollarse cuando el niño crece en un ambiente que lo estimula, lo acompaña y cree en él

Otro principio fundamental es el respeto por el ritmo de aprendizaje de cada niño. Cada uno se desarrolla de manera diferente, aprende a su propio paso y necesita tiempos distintos para consolidar sus habilidades. En lugar de comparar a los alumnos entre sí, esta metodología procura que cada niño avance desde su propio punto de partida, celebrando sus logros y acompañándolo en sus desafíos. 

La participación de la familia es otro de los pilares que distinguen esta filosofía. Los padres o el adulto que acompaña al niño, desempeñan un papel esencial, ya que son quienes crean en casa el ambiente que favorece la práctica, la motivación y el gusto por aprender. Y en este sentido, Suzuki comprendió que también el ambiente rodeado de música y modelos positivos moldea el aprendizaje y el desarrollo para bien

Otro aspecto que considero profundamente valioso es que el profesor enseña principalmente con el ejemplo. Los niños aprenden tanto de lo que escuchan como de lo que observan. La actitud, el respeto, la paciencia, la forma de comunicarse y la manera de relacionarse con los demás transmiten valores que terminan siendo tan importantes como los conocimientos musicales. 

Finalmente, el aprendizaje colectivo constituye una característica distintiva del Método Suzuki. Las clases grupales permiten que los niños aprendan unos de otros, se inspiren mutuamente, desarrollen habilidades sociales y descubran que el crecimiento personal también se construye en comunidad.

Todos estos principios responden a una misma visión: antes que formar músicos, el propósito es formar personas íntegras. La música es el medio a través del cual el niño desarrolla habilidades, fortalece su carácter y descubre el enorme potencial que lleva dentro. 

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¿Cómo se relacionan los principios del Método Suzuki con los conocimientos actuales sobre neurociencia y aprendizaje?

L: Durante muchos años, los principios del Método Suzuki fueron desarrollados y comprendidos principalmente a partir de la observación profunda del proceso de aprendizaje infantil y de la experiencia pedagógica. Hoy, los avances en neurociencia y neuroeducación nos permiten comprender con mayor profundidad por qué muchos de esos principios favorecen el aprendizaje y el desarrollo infantil. 

Lo que más me ha llamado la atención es comprobar que muchas de las intuiciones pedagógicas de Shinichi Suzuki, fruto de décadas de observación, hoy encuentran una explicación desde la ciencia. En mi opinión, la neurociencia no sustituye la filosofía Suzuki, sino que nos ayuda a comprender con mayor profundidad por qué sigue siendo una propuesta educativa tan vigente.

"Más que cambiar mi manera de enseñar, diría que el máster ha transformado mi manera de comprender lo que ocurre mientras enseño."

¿Qué conocimientos o herramientas del máster te han resultado más útiles en tu práctica profesional?

L: Uno de los mayores aportes del máster ha sido comprender, desde la neurociencia, cómo la música influye en el cerebro y qué procesos se activan cuando escuchamos música, cantamos, nos movemos, aprendemos o tocamos un instrumento. Entender qué sucede en el cerebro durante el aprendizaje me ha permitido mirar con otros ojos muchas de las experiencias que observaba diariamente en mis alumnos. 

También ha sido especialmente valioso profundizar en temas como las funciones ejecutivas, la plasticidad cerebral, las distintas formas en que aprendemos, las altas capacidades y el desarrollo infantil. Estos conocimientos se han sumado a mi experiencia como profesora y me han proporcionado fundamentos científicos para comprender mejor lo que ocurre durante el proceso de enseñanza-aprendizaje y para tomar decisiones pedagógicas con mayor seguridad y fundamento. 

Quizá lo más importante es que el máster me ha dado nuevas herramientas para observar a cada alumno de manera más integral. Hoy procuro comprender no solo qué está aprendiendo, sino también cómo está aprendiendo, qué procesos pueden estar facilitando o dificultando ese aprendizaje. También de qué manera puedo adaptar mi intervención para acompañarlo de forma más respetuosa y eficaz. 

En definitiva, la neurociencia me ha proporcionado un marco de comprensión mucho más amplio y fundamentos científicos que me permiten explorar nuevos caminos con mayor criterio, siempre poniendo al niño y a su desarrollo en el centro del proceso educativo.

¿Ha cambiado el máster tu forma de entender la enseñanza musical? ¿De qué manera?

L: Más que cambiar mi manera de enseñar, diría que ha transformado mi manera de comprender lo que ocurre mientras enseño. 

Durante muchos años observé cómo los niños aprendían. Cómo respondían al ambiente. Cómo el vínculo con sus padres influía en su desarrollo. Y cómo la música favorecía habilidades que iban mucho más allá de lo musical. El máster me permitió comprender esos procesos desde una perspectiva científica y profundizar en muchas preguntas que durante años surgieron de mi propia práctica docente. 

Intuía que la música favorecía su desarrollo de maneras que iban mucho más allá del aprendizaje de un instrumento, pero ahora comprendo con mayor profundidad los procesos cognitivos, emocionales, sensoriales y sociales que intervienen en ese aprendizaje. Entender esta complejidad ha enriquecido profundamente mi práctica profesional y me ha permitido observar la experiencia musical desde una perspectiva más amplia e integral. 

Hoy no solo me pregunto qué necesita aprender el alumno, sino también cómo está aprendiendo. Qué fortalezas puedo potenciar. Qué desafíos está enfrentando y de qué manera puedo crear las mejores condiciones para que ese aprendizaje ocurra.

¿Has podido aplicar conceptos de neuromúsica en tu trabajo con alumnos Suzuki?

L: Sí, definitivamente. Uno de los aspectos más enriquecedores del máster ha sido poder llevar muchos de los conceptos de la neuromúsica a mi práctica diaria con alumnos Suzuki.

Conceptos como la importancia de la escucha activa, la atención, la memoria auditiva, la integración sensorial, el movimiento, la emoción y la interacción social han cobrado un significado aún más profundo en mis clases. El acercamiento desde la neurociencia me ha permitido comprender mejor por qué son fundamentales para el aprendizaje musical y cómo puedo favorecerlos de manera más consciente. 

Por ejemplo, hoy pongo aún mayor énfasis en la calidad de la escucha, entendiendo que antes de la producción musical existe un proceso de percepción, discriminación y construcción interna del sonido. También observo con mayor atención cómo el movimiento, el juego, la emoción y la relación con el adulto acompañante influyen en la manera en que el niño aprende y desarrolla sus habilidades musicales. 

En los alumnos de Educación Infantil Temprana Suzuki (SECE), esta mirada ha sido especialmente significativa, ya que me ha permitido valorar aún más la importancia de las experiencias musicales tempranas como espacios de estimulación multisensorial, vínculo afectivo y desarrollo integral. 

La neuromúsica me ha brindado nuevas herramientas para observar, comprender y acompañar a cada niño de una manera más consciente. Respetando sus procesos de desarrollo y creando experiencias musicales con mayor intención pedagógica.

¿Qué destacarías de tu experiencia como alumna del Máster en Neurociencia y Música aplicada a la salud de NUS?

L: Lo que más destacaría es la oportunidad de integrar dos mundos que han formado parte de mi vida profesional: la práctica educativa musical y el conocimiento científico sobre el cerebro y el aprendizaje. 

El máster significó para mí la oportunidad de mirar esas experiencias desde una nueva perspectiva, encontrar fundamentos científicos que me ayudaran a comprender mejor muchos de los procesos que ya observaba y establecer un diálogo entre la experiencia pedagógica y la investigación actual. 

También destacaría el crecimiento personal que implicó volver a ser alumna. Enfrentarme nuevamente al estudio, a la investigación y a nuevos conocimientos me permitió reconocer que siempre es posible seguir aprendiendo y transformándose profesionalmente. El máster fortaleció mi confianza para expresar y fundamentar mi práctica, y me ayudó a valorar aún más el conocimiento construido durante años de experiencia docente. 

Otro aspecto muy significativo fue formar parte de una comunidad de profesionales provenientes de diferentes áreas, con distintas miradas y experiencias. Ese intercambio enriqueció mi aprendizaje y me recordó que la educación musical continúa evolucionando cuando somos capaces de dialogar entre disciplinas. 

El máster despertó nuevas preguntas y una mirada más profunda hacia mi labor como educadora. Me permitió comprender que la música, el cerebro y el desarrollo humano están profundamente conectados, y que nuestra responsabilidad como docentes es crear experiencias que favorezcan no solo el aprendizaje musical, sino también el crecimiento integral de cada niño.

"La neuromúsica me ha brindado nuevas herramientas para observar, comprender y acompañar a cada niño de una manera más consciente."

¿Cómo crees que pueden complementarse la neurociencia, la música y el Método Suzuki para favorecer el desarrollo infantil?

L: Creo que existe una relación muy enriquecedora entre estos tres campos. La música ofrece una experiencia profundamente humana que involucra el movimiento, la emoción, la atención, la memoria, el lenguaje y la interacción social. La neurociencia nos ayuda a comprender cómo estas experiencias influyen en el desarrollo del cerebro y del aprendizaje. Y el Método Suzuki aporta una filosofía educativa que organiza esas experiencias dentro de un ambiente de afecto, respeto y acompañamiento. 

Cuando estos tres elementos se integran, la enseñanza musical deja de centrarse únicamente en la adquisición de habilidades técnicas y se convierte en una experiencia que favorece el desarrollo integral del niño.

¿Qué consejo darías a otros profesionales de la música interesados en formarse en neuromúsica?

L: Mi consejo sería que se acerquen a este campo con curiosidad, apertura y disposición para seguir aprendiendo. La experiencia musical que hemos construido como docentes es muy valiosa. Pero conocer cómo aprende el cerebro nos permite comprender con mayor profundidad muchos de los procesos que ocurren durante la enseñanza y encontrar nuevas maneras de acompañar a nuestros alumnos. 

Finalmente, creo que formarse en neuromúsica es una invitación a mantener viva la curiosidad profesional. Un buen educador nunca deja de aprender, porque cada niño que llega al aula nos recuerda que el aprendizaje es un proceso dinámico, único y profundamente humano.

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