Rafael Vargas de Prado define la neuroeducación musical como disciplina científica en el Journal of Neuroeducation
La neuroeducación musical da un nuevo paso en su desarrollo científico. Journal of Neuroeducation (JONED), la revista científica de la Universidad de Barcelona, ha publicado el artículo «Neuroeducación musical: un enfoque interdisciplinar» realizado por Rafael Vargas de Prado.
Rafael es investigador, compositor, neuroeducador, musicoterapeuta, codirector y docente del Máster en Neurociencia y Música aplicada a la Salud de NUS. En este trabajo, el autor propone la neuroeducación musical como una disciplina científica propia y sienta las bases de un nuevo campo interdisciplinar con aplicaciones en los ámbitos educativo y sanitario.
Hemos entrevistado a Rafael para profundizar en las principales aportaciones de su trabajo, conocer el origen de este nuevo enfoque y descubrir las oportunidades que abre para profesionales de la educación, la salud y la música.
Acabas de publicar un artículo científico en Journal of Neuroeducation de la Universidad de Barcelona. ¿Qué significa para ti este hito?
R: Para mí, este hito tiene un valor especialmente significativo. Tanto por mi trayectoria como docente, intérprete y compositor durante más de 20 años, como por mi interés en comprender de manera más profunda la relación entre música, aprendizaje y cerebro.
A lo largo de los cientos de clases de música que he impartido en mi recorrido profesional, he observado que la mayoría de las personas que se aproximan al aprendizaje musical no lo hacen necesariamente con una finalidad profesional. En muchos casos, la música se manifiesta como una vía de desarrollo personal, de expresión, de regulación emocional y de comprensión más profunda del ser humano.
En ese contexto, también identifiqué que un porcentaje significativo del alumnado presentaba dificultades de aprendizaje o tenían perfiles de neurodesarrollo específicos. Esta realidad suponía un reto pedagógico relevante. Pues las herramientas didácticas de las que disponía en aquel momento, no siempre resultaban suficientes para responder de forma ajustada a la diversidad cognitiva, motora, emocional y funcional de cada alumno.
¿Qué te motivó a desarrollar esta investigación?
R: Mi experiencia y observación impartiendo clase fue uno de los principales motores de mi investigación. En una primera etapa, mi interés se centró en comprender cómo el cerebro procesa la información necesaria para la interpretación y la creación musical. Como por ejemplo, qué áreas y redes cerebrales participan en dichos procesos, de qué manera se relacionan con dimensiones específicas: ritmo, entonación, memoria auditiva, memoria visual, procesos matemáticos musicales, creatividad artística, neuromotricidad, coordinación y funciones ejecutivas.
A partir de este proceso de estudio y reflexión, comprendí que la práctica musical, la interpretación y la creatividad no pueden entenderse únicamente desde la pedagogía musical o la musicoterapia. La actividad musical, por su propia naturaleza, puede contribuir a estimular y optimizar determinadas capacidades cognitivas, favorecer procesos de aprendizaje e incidir en la neuroplasticidad cerebral. Siempre desde una comprensión rigurosa de sus posibilidades y de sus límites.
Este planteamiento me llevó a profundizar en la neuroeducación. Una rama de la neurociencia orientada a comprender cómo aprende el cerebro y cómo, desde la neurodidáctica, pueden diseñarse sistemas de aprendizaje más ajustados a las capacidades, necesidades, ritmos y particularidades de cada individuo.
Desde esta perspectiva, establecer un diálogo sistemático entre la neuroeducación y la música se convirtió en el siguiente paso. Se trataba de articular una mirada que integrara la experiencia musical con criterios neurocientíficos. Una mirada con el objetivo de avanzar hacia una comprensión más rigurosa del aprendizaje musical y de sus posibles implicaciones en el desarrollo cognitivo, educativo y humano.
En esta investigación, propones que la neuroeducación musical se reconozca como una disciplina científica propia. ¿Por qué consideras que ha llegado el momento de reconocerla como un campo diferenciado?
R: Identifiqué la necesidad de proponer un nuevo marco de comprensión de la música y las neurociencias desde una perspectiva específica. Se trataba de establecer una terminología científica que permitiera diferenciar campos cercanos, pero con objetivos y fundamentos distintos. Como la pedagogía musical, la musicoterapia y la neuroeducación musical.
En el artículo queda claramente definida esta diferenciación. La aplicación práctica de la pedagogía musical, la musicoterapia y lo que he denominado neuroeducación musical responden a finalidades distintas. Tanto en el ámbito educativo como en el de la salud.
"La música se manifiesta como una vía de desarrollo personal, de expresión, de regulación emocional y de comprensión más profunda del ser humano."
¿Está ganando relevancia la neuroeducación musical?
¿Qué aporta la neuroeducación musical que hasta ahora no ofrecían otras disciplinas?
R: La neuroeducación musical aporta la posibilidad de configurar un campo interdisciplinar situado entre las neurociencias, la educación y el aprendizaje musical. Su principal contribución consiste en comprender la práctica musical. No solo como una experiencia artística o pedagógica, sino también como un proceso capaz de activar, organizar y modular distintos sistemas cerebrales implicados en la percepción, la atención, la memoria, la motricidad, la emoción y las funciones ejecutivas.
Si comprendemos de qué manera el aprendizaje musical modifica y reorganiza la actividad cerebral, podemos avanzar hacia una aplicación más consciente, estructurada y fundamentada de las herramientas propias de la práctica musical.
El objetivo no sería instrumentalizar la música de manera reduccionista, sino utilizar su complejidad neurocognitiva para favorecer procesos de aprendizaje, estimulación y desarrollo ajustados a las características de cada persona.
Tu publicación revisa décadas de investigaciones sobre música y cerebro. ¿Cuáles son los hallazgos que consideras más relevantes para comprender cómo influye el aprendizaje musical en el funcionamiento cerebral?
R: La perspectiva neuroeducativa resulta relevante porque permite aproximarse al aprendizaje musical desde una comprensión más individualizada del cerebro. No existen dos cerebros que aprendan exactamente de la misma manera. Todo proceso de aprendizaje depende del desarrollo neurocognitivo, historia vital, contexto sociocultural, experiencia previa, motivación y factores epigenéticos de cada persona.
Por este motivo, la neuroeducación musical invita a superar modelos de enseñanza excesivamente homogéneos y a diseñar propuestas más flexibles, adaptativas y sensibles a la diversidad. Esta mirada permite entender que una dificultad para seguir el ritmo, coordinar movimientos o afinar, etc, no se debe a una falta de capacidad musical. Esta puede estar relacionada con procesos cognitivos, motores, emocionales o perceptivos que requieren una intervención más ajustada y fundamentada.
Otro aspecto destacado es que la memoria musical parece mantenerse preservada durante más tiempo que otros tipos de memoria. Esto es un fenómeno bastante observado en estudios y experiencias clínicas en personas con Alzheimer u otros procesos neurodegenerativos. Algo que sugiere que la música puede acceder a circuitos cerebrales profundos, distribuidos y vinculados a la memoria explícita, la memoria implícita, la emoción, la identidad personal y la experiencia corporal.
En este contexto, la intervención musicoterapéutica puede contribuir a estimular mecanismos relacionados con la evocación, la orientación, la regulación emocional y la conexión interpersonal. Y aquí la neuroplasticidad cerebral resulta un concepto central. Pues permite comprender cómo el cerebro puede reorganizar redes neuronales, establecer nuevas conexiones funcionales y generar respuestas adaptativas ante la estimulación musical.
Teniendo en cuenta todo esto, resulta pertinente plantear una cuestión central: ¿qué ocurriría si la intervención musical se diseñara desde parámetros neuroeducativos?
Desde esta perspectiva, las herramientas propias del aprendizaje musical no tendrían como finalidad exclusiva la formación de músicos profesionales altamente cualificados. También podrían aplicarse de forma sistemática, progresiva y personalizada para favorecer procesos de aprendizaje, estimulación, regulación y acompañamiento en el ámbito educativo, terapéutico y neurocognitivo. Esta mirada permitiría situar la música como un recurso de alto valor científico y humano, capaz de adaptarse a las necesidades específicas de cada persona sin perder su dimensión artística, expresiva y relacional.
"La neuroeducación musical invita a superar modelos de enseñanza excesivamente homogéneos y a diseñar propuestas más flexibles, adaptativas y sensibles a la diversidad."
También hablas de la importancia de combatir los neuromitos. ¿Qué ideas sobre música y cerebro siguen estando muy extendidas y qué dice realmente la evidencia?
R: Del mismo modo que la evidencia científica muestra que la práctica musical puede contribuir a estimular, optimizar y reorganizar determinados procesos cerebrales, también es necesario establecer con claridad sus límites.
En este sentido, resulta fundamental combatir determinados neuromitos que todavía permanecen muy presentes en el imaginario social. Como la idea de que el llamado “efecto Mozart” mejora de forma automática la inteligencia. Que escuchar música clásica produce beneficios cognitivos universales. O que determinadas frecuencias sonoras pueden provocar curaciones por sí solas. Todas sin una intervención estructurada, contextualizada y basada en evidencia científica.
Reconocer el valor neuroeducativo de la música no significa atribuirle propiedades milagrosas ni que pueda producir curaciones o transformaciones absolutas. Su valor reside, precisamente, en ofrecer un enfoque riguroso, interdisciplinar y personalizado, orientado a potenciar capacidades, mejorar la calidad de vida y diseñar intervenciones musicales más ajustadas a las necesidades reales de cada persona.
¿Qué perfiles profesionales crees que pueden beneficiarse especialmente de este nuevo enfoque?
R: Considero que la neuroeducación musical debería incorporarse de manera progresiva en la formación de músicos, docentes, escuelas de música, conservatorios y universidades. Su inclusión permitiría que los futuros profesionales de la música dispusieran de herramientas más sólidas para comprender la diversidad de perfiles que pueden encontrarse en el aula.
Del mismo modo, este enfoque puede resultar especialmente útil para profesionales del ámbito de la salud, la psicología, la terapia ocupacional, la logopedia, la fisioterapia, la neurorehabilitación y la musicoterapia. Siempre que cuenten con una formación musical suficiente y con criterios de intervención basados en evidencia científica.
La neuroeducación musical abre la posibilidad de diseñar intervenciones no invasivas, ecológicas y personalizadas. Todas ellas orientadas a estimular funciones cognitivas, favorecer la regulación emocional, acompañar procesos motores y promover una mayor participación de la persona en su propio desarrollo. No se trata únicamente de formar mejores músicos o mejores docentes. Consiste en formar profesionales capaces de comprender la música como una herramienta compleja de aprendizaje, salud y transformación neurocognitiva.
¿Cuáles son los principales retos para consolidar la neuroeducación musical como disciplina científica?
R: Dado que esta acepción ha sido utilizada por primera vez en el artículo publicado en el Journal of Neuroeducation, considero que uno de los principales retos consiste en dar a conocer este nuevo marco conceptual entre las personas formadas en música, educación, salud y neurociencia.
El primer paso sería, por tanto, explicar con claridad qué entendemos por neuroeducación musical- También de qué manera las herramientas propias del aprendizaje musical pueden intervenir en la optimización neurocognitiva de la persona. A partir de ahí, resulta necesario avanzar hacia estudios empíricos con poblaciones diana específicas que permitan analizar con mayor precisión su aplicación.
Consolidar esta disciplina exigirá construir una base metodológica sólida, definir protocolos de intervención, establecer criterios de evaluación y generar evidencia científica suficiente para diferenciarla con rigor de otros campos próximos, como la pedagogía musical o la musicoterapia.
Este es solo un comienzo. El camino es largo, pero también amplio, fértil y profundamente enriquecedor para seguir explorando el diálogo entre música, cerebro, aprendizaje y desarrollo humano.
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En el artículo mencionas futuras líneas de investigación relacionadas con inteligencia artificial, realidad virtual y nuevas herramientas de evaluación. ¿Cómo imaginas la evolución de este campo durante los próximos años?
R: Una de las líneas de trabajo prometedoras en la que actualmente estoy profundizando, es la posibilidad de desarrollar herramientas de evaluación neuropsicológica basadas en la música. Desde la neuroeducación musical, la música podría convertirse en una herramienta complementaria para observar y analizar determinados procesos neurocognitivos relacionados con la percepción auditiva, la memoria, la atención, la coordinación motora, el ritmo, la regulación emocional y las funciones ejecutivas.
Es importante subrayar que este tipo de evaluaciones neuromusicales no vendrían a sustituir las evaluaciones neuropsicológicas clínicas ya validadas ni procedimientos diagnósticos realizados por profesionales. Más bien, podrían ser un recurso complementario que permitiría enriquecer la comprensión del funcionamiento cerebral desde una perspectiva más ecológica, dinámica e interdisciplinar.
En este sentido, será necesario crear espacios de colaboración entre la neuropsicología, la neuroeducación musical, la pedagogía, la musicoterapia, la tecnología y las ciencias de la salud. Actualmente ya existen herramientas de evaluación y entrenamiento cognitivo basadas en realidad virtual, lo que permite imaginar escenarios futuros en los que la inteligencia artificial pueda contribuir al diseño de protocolos más personalizados, sensibles y eficientes.
Estas tecnologías podrían facilitar el análisis de patrones de respuesta musical, la adaptación de tareas en tiempo real, la detección de dificultades específicas y el seguimiento longitudinal de los procesos de aprendizaje o rehabilitación. No obstante, su incorporación deberá realizarse siempre desde criterios éticos, clínicos y científicos rigurosos, garantizando que la innovación esté al servicio de la persona.
En los próximos años, imagino la neuroeducación musical como un campo capaz de integrar evidencia científica, herramientas digitales avanzadas y sensibilidad humana. Un campo que abrirá nuevas vías de evaluación, intervención e investigación sobre la relación entre música, cerebro y aprendizaje
Esta publicación cientifica marca un nuevo paso en la consolidación de la neuroeducación musical como disciplina científica. ¿Cómo se refleja esta visión en el Máster en Neurociencia y Música aplicada a la Salud de NUS y por qué consideras importante que los profesionales se formen desde la evidencia científica?
R: En 2026, se incorporó un módulo específico sobre neuroeducación musical en el Máster en Neurociencia y Música aplicada a la Salud de NUS, del que soy codirector y docente. La inclusión de este módulo refleja precisamente la necesidad de trasladar este nuevo marco conceptual al ámbito formativo. De esta manera, se ofre a los profesionales un espacio de reflexión, análisis crítico e iniciación a la investigación.
Desde mi perspectiva, no se trata únicamente de transmitir contenidos teóricos, sino de generar una mirada interdisciplinar. Una mirada que permita comprender la música desde criterios neurocientíficos, educativos y sanitarios. Y que, al mismo tiempo, ayude a los profesionales a integrar estos conocimientos en su práctica de manera rigurosa, ética y contextualizada.
Considero fundamental que los profesionales se formen desde la evidencia científica. Porque la música, cuando se aplica en contextos educativos, terapéuticos o de salud, requiere una comprensión profunda de sus posibilidades y también de sus límites. La formación basada en evidencia permite evitar reduccionismos, neuromitos o intervenciones poco fundamentadas, y favorece el diseño de propuestas más ajustadas a las necesidades reales de cada persona.
Este módulo representa, por tanto, un primer paso hacia la consolidación de la neuroeducación musical como un campo de conocimiento aplicado. Estoy seguro de que, en un futuro, se desarrollarán formaciones más amplias y especializadas que permitan a músicos, docentes, terapeutas y profesionales sanitarios incorporar estos criterios a su actividad profesional con mayor profundidad metodológica, sensibilidad humana y responsabilidad científica.
Referencias bibliográficas:
Vargas de Prado R. Neuroeducación musical: un enfoque interdisciplinar. Journal of Neuroeducation. 2026;7(1):87-102. https://revistes.ub.edu/index.php/joned/article/view/51887/47681




